.... Buceo fácil  

A pulmón

Te presentamos la forma más sencilla y divertida de bucear. Solo necesitas unas gafas, un tubo, unas aletas... y las capacidades de tu propio cuerpo.

Para muchos de nosotros el buceo comenzó un día ya lejano, con unas viejas gafas y todo un océano para descubrir. Pasa el tiempo y te cargas con los trajes, plomos, botellas, reguladores, manómetros, consolas, ordenadores, cámaras ... Al final, un día, vuelves a descubrir la magia de las gafas y las aletas. La magia del buceo a cuerpo libre. A pulmón.

Es cierto. El buceo autónomo, el pasearse por los fondos marinos sin depender del aire de la superficie, nos ofrece una sensación maravillosa. Para quienes nos iniciamos en el mundo del buceo equipados solo con un mínimo equipo, la posibilidad de sumergirnos durante un tiempo que entonces parecía ilimitado, se convertía en nuestra máxima aspiración. Soñábamos con prolongar nuestras zambullidas más allá de la tiranía de la necesidad de respirar.

Y la realidad no nos defraudó. Una botella y un regulador nos dieron acceso a un mundo que solo habíamos rozado hasta entonces. Y una cosa lleva a la otra. Ese tipo de buceo exige más material: Un traje que nos proteja del frío, mucho más intenso en las profundidades. Equipos de control que nos permitan un seguro retorno a la superficie. Primero un profundímetro. ¡de burbuja de aire!, luego de aceite, y al final un ordenador, con más información de la que sinceramente, se puede muchas veces digerir. El afán de mostrar a los demás lo que considerábamos nuestro descubrimiento casi nos obligó a hacernos con una cámara submarina. Primero de fotos, luego tal vez de vídeo, con toda su cohorte de baterías, focos y flases. Y no me olvido de chalecos, boyas, cuchillos, tablillas, cuadernos...

Pero las horas pasadas con aquellas gafas, aletas y tubo no se olvidan así como así. Es fácil volver a sentir la magia de aquel descubrimiento, y hasta sorprenderse del peso de la dictadura del material. Resulta sencillo el meter en una pequeña bolsa ese mínimo equipo y acercarse sin prisas ni agobios a ese rincón que sabemos no nos defraudará. Tal vez nuestra forma no sea la misma, pero seguro que la vieja sensación no tarda en aparecer.

Si quien está leyendo estas líneas es un buceador que entró al mundo del buceo directamente a través de un curso de escafandrismo, puede que todo lo expuesto hasta el momento no le diga nada. Tal vez esté pensando en lo absurdo de limitar su paseo por los fondos marinos a unos pocos metros y unos miserables segundos. Solo puedo decirle que el buceo a pulmón es una fantástica escuela de acuaticidad y que si el sitio es propicio, dudo mucho que se arrepienta de tan escasa inversión.

Si nuestro lector es novato total en estos temas y se ha acercado hasta aquí para informarse, mi más sincera recomendación es que antes de iniciar un curso de buceo, pruebe a sumergirse utilizando solo ese sencillo material y su propia capacidad. Si tiene dudas acerca de que material necesita, o que conocimientos mínimos va a necesitar para desenvolverse con seguridad y un mínimo de soltura, que no se preocupe. Nos lo puedes preguntar cuando quieras, puedes también buscarlo en estas mismas páginas o encontrarlo en alguno de los enlaces que te proponemos.

Se necesita realmente muy poco para disfrutar del buceo.

 

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